Gustavo Tonello “La industria del pescado es la puerta a otras realidades económicas y también sociales”

 Gustavo Tonello propietario de Industrias El Corsario S.A., es el protagonista de esta nueva entrega en el ciclo de entrevistas de Informe Marítimo.

  Desde sus comienzos en Colegio Industrial de Mar del Plata hasta su desembarco en el Puerto, una historia de inventos y re-inventos, de tropiezos y nuevos emprendimientos que, hoy por hoy, lo llevan a ser uno de los empresarios más importantes a nivel nacional.

  “Comencé en el negocio del tejido textil, en la época en que era preponderante en la ciudad, paso previo durante años en los que estudié administración de empresas analista en calidad de alimentos y hasta llegué a ser DJ”.

  Allí aparecen las primeras invenciones, sweaters con estampados para niños, modelos que rompían el molde de lo clásico, crear para nenes y nenas hizo prosperar el local que por ese entonces administraba Gustavo.

  Pero como tantos otros argentinos en el 2001 el corralito le arrebató su capital, el cual estaba en los bancos, cuando el gobierno de Fernando De la Rúa impuso la restricción al retiro máximo de $200 por día:

  “Decidí ir a España 6 meses. No me gustó y al volver conocí a Antonio Carrasco dueño de Moliendas del Sur, que vendía harina de pescado y ofrecía un servicio de cajones para la pesca y me ofreció formar una sociedad para ampliar la fábrica”.

  “Fui a China para conocer el mercado y como actuaba allí la producción de cajones, terminamos de armar la fábrica (en donde ambos pusimos la mitad del capital) y descubrí que el negocio era solo para Carrasco, ya que él poseía servicio de cajones e iba a consumir el 100% de la producción y la ganancia. Ahí me ofrece comprar por entero la fábrica, cosa que acepté sin alternativa, era preferible antes que ir a un juicio a 4 años. Recuperé así parte del capital”.

Es en ese momento cuando conoce un grupo de personas relacionadas a la al armado de barcos, servicio de cajones y el posterior descarte de residuos utilizados en la producción de harina de pescado.

Con esfuerzo y nuevamente una inversión propia «Gustavo» compra cajones en cantidad y dio paso a la construcción de un lavadero para esos mismos cajones, donde además vendía residuos a las plantas de harina y se transformó en proveedor de materias primas para la industria harinera.

  “Es en ese momento donde firmo mi primer contrato con la empresa Comarpes y pude al fin respirar tranquilo. Y es ahí también cuando creo una planta de corte y frigorífico”. Así se inicio El Corsario.

    “Pero no poseía una historia con el Puerto, ni un apellido conocido para los empresarios tradicionales y por eso me era difícil entrar y que confiaran en mí”.

 A pesar de todo, Gustavo se hizo un lugar y el emprendimiento comenzó a tomar forma con la ventaja de que, al ser armador del algunos barcos y proveedor/lavador de cajones tenía prioridad al comprar parte de la pesca, llegando a ser uno de los principales productores de raya a nivel mundial, pero nuevamente la suerte volvía a dar una vuelta inesperada.

   “En un momento dado mi socio con quien exportaba la raya, tuvo un problema, se abrió y se llevó un capital de la empresa importante, pero me dejó el negocio, la experiencia y los contactos del momento”.

  El conocimiento de la industria pesquera adquirido en esos años más la experiencia y el creciente desarrollo lo catapultaron hasta llegar al ser el tercer productor de raya en el mundo.

  “De todos los problemas que tuve en mi vida fui encontrando la posibilidad de entrar en un negocio nuevo, no me deprimí”.

  El frigorífico El Corsario provee, hoy en día el aceite de raya utilizado por la industria farmacéutica en la elaboración del medicamento Regulip, que trabaja sobre problemas cardiovasculares y combate el colesterol.

  A nivel mundial El Corsario es el tercer exportador de raya mundial, siendo mercados de mayor consumo Corea del Sur y Francia.

  En Argentina la raya no tiene consumo, y cada especie que trabajada debe competir con personas que tienen años de experiencia de explotarla, cada especie tiene una dinámica distinta ya sea en su consumo, o presentación directa en la comida.

  Todos los años Gustavo organiza 2 fiestas, El Día del Trabajador y Navidad. Una comida y después sorteos con electrodomésticos o ropa que él mismo compra y se intercambian los números o los premios. “Entonces una envasadora de una punta de la plata se relaciona con un filetero que está en otro sector. Y eso hace que haya una hermandad” – le dicen sentido de pertenencia con la empresa.

    “Ahí siempre paso a contarles que es lo que pasó en el año y que es lo que se proyecta para el año que viene. Que actividades vamos a hacer, asegurar los puestos de trabajo, no se habla de plata porque eso lo hablo siempre por grupos”.

    “Nos van a encargar más producción porque la empresa que nos contrata está contenta con lo que hicimos entonces yo les transmito que a mí me felicitaron por el trabajo que hicieron o les digo miren tenemos que modificar esto”.

  Por eso es que en El Corsario no existe la figura del encargado. Son los mismos empleados los que están atentos al funcionamiento, todos son encargados de sí mismos y de quien está a su lado. “Se cuida el trabajo y al mismo tiempo se genera una amistad”, dice Gustavo.

  “En el trabajo día a día nos ponemos de acuerdo para que sea cómodo para todos. A mí no me importa ir a la fábrica a controlar a qué hora estas llegando, que estás llevando, ¿llegó un pescadito mezclado? Filetéenlo, llévenselo para comer. No voy a estar controlando che me estás robando pescado o me estás llegando tarde o no limpias tu zona de trabajo. Es entender que yo no soy tu jefe, sino tu compañero de trabajo, que ocupo un lugar distinto en la empresa, donde mi responsabilidad es generar trabajo para vos. Si yo me quedo durmiendo en casa me lo reclamas, como a un compañero más”.

  “Muchas veces en la Cámara de Frigoríficos – El Corsario esta adherida a CAFREXPORT – escucho lo que pasa en otras empresas y yo me encuentro muy alejado de la realidad de los demás. Todas sus empresas tienen sus mañas y también ambas partes, empleador y trabajador, tratan de sacar un interés propio. Es la naturaleza del ser humano. Cuando yo pude desprenderme de esa parte por tener familias adentro, donde ellos ven que yo gané diez pesos y cinco los puse en un equipo nuevo de frío o en un nuevo autoelevador” el objetivo se cumplió.

Actualmente la empresa cuenta con 40 empleados, es decir 40 familias que dependen de las decisiones que Gustavo Tonello lleve adelante y según cuenta “es una gran presión, totalmente distinta a la industria textil”.

  “La industria del pescado te abre un panorama, la puerta a otras realidades, económicas, propias y ajenas y también sociales”.

Quizás de esas realidades que nos llevamos en el final de la entrevista: Es la del emprendedor que inventa, crea, cae, junta sus cartas y reparte nuevamente. Al mismo tiempo, es consiente que detrás suyo hay miles de historias, poco o más parecidas a las de cada uno, y el Puerto las guarda.

 De andar y andar, aquí y allá, Gustavo Tonello las ha hecho propias. Igual que nosotros, al despedirnos en el último apretón de manos.

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