Actividad científica a bordo del rompehielos ARA “Almirante Irízar”

En el laboratorio N°3 de la cubierta 1 del Irízar se lleva a cabo un muestreo del agua para detectar la presencia de microplásticos en las gélidas aguas antárticas, tarea que permitirá un significativo aporte para entender esta problemática mundial.

En navegación- Cada Campaña Antártica de Verano en el rompehielos ARA “Almirante Irízar” es una oportunidad muy bien aprovechada por la comunidad científica nacional e internacional, para desarrollar estudios a bordo, como así también en el continente blanco.

El Irízar, fue modificado y repensado con una concepción multipropósito, como un laboratorio itinerante único en su especie que, en sus etapas de mantenimiento y renovación, fue ampliando y mejorando sus capacidades para dar actualmente un apoyo sustancial a la actividad científica.

Prueba de ello son los 440 m2 que se reparten en sus trece laboratorios y que son muy bien aprovechados por la Dirección Nacional del Antártico (DNA) y el Instituto Antártico Argentino (IAA), a través del Comando Conjunto Antártico (COCOANTAR) y su componente naval, para el desarrollo de todo tipo de actividades en el ambiente de la química, biología, microbiología, biología marina y oceanografía.

El plástico es probablemente el material con más usos y presencia a nivel global. La versatilidad de su composición es la principal característica que potencia su uso; pero su escasa posibilidad de biodegradación lo transforma a la vez en un material de impacto sumamente negativo para el medioambiente.

Desde hace muchos años la industria ha desarrollado y variado las capacidades de distintos polímeros, sustituyendo en muchos casos a otros materiales más nobles como la madera, el vidrio o algunos metales; forjando también una condición de estudio que hoy resulta sumamente alarmante: la gran mayoría de los plásticos utilizados en el mercado, son de un solo uso. Esto quiere decir que se adquieren, se utilizan una vez, y se descartan. Sólo el 9% de ellos se reutilizan.

Si a esta condición le sumamos que, dentro del ciclo del agua, los océanos son el repositorio final de la mayoría de estos plásticos, con una permanencia centenaria a partir de su disgregación en pequeñas porciones; la resultante para el medioambiente, es netamente negativa.

Planteado el tema desde hace varias décadas, el trabajo incansable de la comunidad científica internacional ha tenido eco en nuestras instituciones y, a través de la Dirección Nacional del Antártico, el Instituto Antártico Argentino y la Armada Argentina, se ha puesto toda la capacidad a disposición de los profesionales para el avance de las investigaciones sobre la presencia de microplásticos –de menos de 5 mm de diámetro- en el mar argentino y sector antártico.

En la cubierta 1 (la azul) se encuentran Nahuel Ravina y Emiliano Heis, quienes ocupan el laboratorio N°3 y realizan un trabajo silencioso de muestreo para el Programa “Nutec Plastic”, de la que participan 63 países, que bajo el convenio de cooperación internacional entre la Cancillería Argentina y la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA), analizará las muestras en laboratorios en Mónaco, uno de los tantos seleccionados en el mundo que cuenta con la tecnología y los conocimientos técnicos necesarios para monitorear la presencia de microplásticos en los océanos, analizarlos y evaluar el efecto de la contaminación.

De esta manera, el estudio de la contaminación marina por plásticos, que abarcaba a todos los mares del mundo, ahora se extiende además a los antárticos.

Tanto Emiliano como Nahuel se encontrarán con dos científicos franceses vía Marambio, que realizarán un muestreo intensivo en toda la costa de la Base Carlini. A ellos entregarán todo el material relevado durante la navegación del rompehielos en el marco de la CAV 2023/24, para ser analizadas por el equipo de Nutec Plastic en Mónaco.

Para Nahuel, de Villa Bosch, Buenos Aires, licenciado en Ciencias Ambientales y técnico de la Dirección Nacional de Áreas Marinas Protegidas de la Administración de Parques Nacionales, esta no es su primer contacto con la Armada Argentina. “Ya he tenido otras experiencias con la Armada porque tuve la suerte de poder hacer una invernada en Orcadas en 2019, y fue realmente fantástica; también estuve embarcado el año pasado en el buque oceanográfico Austral, realizando tomas para un muestreo en el Área Marítima Protegida Yaganes del pasaje Drake; siempre fueron muy buenas experiencias”.

Emiliano, en cambio, marplatense y biólogo por la Universidad Nacional de Mar del Plata, e integrante de Nutec Plastic por parte del CONICET y el Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras de Mar del Plata; es la primera vez que navega en un buque de la Armada Argentina; pero confiesa que “las condiciones de muestreo en el laboratorio que tenemos a bordo del rompehielos Irízar son increíbles. La tripulación siempre está súper atenta para darnos todo lo que necesitamos, no solamente ahora, sino a futuro. Por ejemplo, ya nos han preguntado mucho acerca de los equipos que necesitamos enchufar para ver todas las tomas eléctricas en próximos trabajos. Parece una pavada, pero cuando no tenés que preocuparte por nada y está toda la gente dispuesta a colaborar, todo se hace más sencillo”.

Emiliano reconoce que en el ambiente científico hay muchos preconceptos y desconocimiento sobre las Fuerzas Armadas. “De la manera que te la cuentan uno viene pensando que son muy estrictos y poco amigables, pero estando acá me doy cuenta que nada que ver; desde que llegamos nos han tratado muy bien y además se muestran muy interesados en lo que hacemos, trabajando a cada minuto para que estemos lo más cómodos posibles y podamos realizar nuestro trabajo de la mejor manera. Uno se da cuenta que la cuestión de la colaboración y la predisposición de la gente del Irízar para con nosotros no es una casualidad, sino que es una prioridad”, expresó.

Fuente: Gaceta Marinera

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